viernes, 6 de febrero de 2026

Proyecto

El proyecto es la voluntad lanzada hacia la incertidumbre.
Ahí reside su belleza y su estrago.

El proyecto, jardinero impetuoso y ciego, trasplanta las fuerzas del presente al ilusorio páramo del porvenir. Constituye, entonces, un lujo, en cierto modo un exceso, puesto que, en definitiva, los sueños no nos hacen falta, son un destello borroso en el horizonte de esta tierra que, mejor o peor, es la que habitamos y no tenemos otra. 

La mayoría de los seres pueden prescindir sin mella del proyecto: les basta con perdurar, que, para Spinoza, es lo que cuenta. La vida se conforma con arrebatarle un día más a la muerte, sin hacer preguntas. El proyecto, en cambio, se abre paso hacia ella, porque esa es la paradoja del tiempo: como aseveraba Camus, al fin y al cabo se trata de morir. 

Y, sin embargo, nosotros no podemos vivir sin proyectos, sin disparar al futuro las saetas del deseo. No sabemos empezar un día si no lo concebimos como prólogo del resto de la vida, como una travesía de la distancia. Cada jornada se justifica porque marca la transición hacia otra. Por más que lleguemos a creer el carpe diem, no podemos radicarnos en él: queremos que el mañana nos traiga flores nuevas y mejores. Lo alcanzado nos alegra, pero solo nos mueve lo que está por conquistar.

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