Cuando la vida resplandece, la filosofía palidece. El filósofo es un espectador, un intérprete: todo lo importante sucede fuera.
Conocer es esa tarea inagotable de ampliar el círculo de luz mientras alrededor crecen las sombras.
«El humorismo es siempre social. Uno no se cuenta un chiste a sí mismo», dijo el luthier Carlos Mundstock al recoger el premio Princesa de Asturias concedido a su célebre e inimitable grupo musical-humorístico.
«Las plantas y los animales no son mortales porque no saben que van a morir», sostiene Fernando Savater. Eso es: morir es saber, la auténtica muerte es la que se sabe.
¿Qué valor tiene un grupo que deja atrás a uno de los suyos? ¿Para qué queremos un apoyo mutuo que estipula precios y cláusulas?