Lo malo de estar bien es que uno puede llegar a creer que es definitivo (es fácil convencernos de lo que deseamos).
Yo soñé con una vida en la que uno pudiera recostarse como al abrazo de un sillón orejero.
Tomé prestado a Carmen Martín Gaite el sobrecogedor título de su novela, para incorporarlo como divisa personal. Vivir, en efecto, es la anomalía. En medio de la serenidad diáfana y compacta de la nada, la existencia se aparece como un desgarro intempestivo.
Yo no comprobé que hay clases sociales hasta que fui a la universidad, y descubrí cuánta gente buscaba allí más una marca de distinción que una oportunidad.
La equidad es el compromiso medular que engrasa la vida social. Compartir y colaborar deben fluir en dos direcciones; de lo contrario, alguien está abusando, en detrimento del otro.