Confieso que a veces, cuando tengo miedo o me siento
abrumado, me gustaría rezar. Ojalá hubiera oraciones para ateos, que nos
permitieran hablar con algo más grande, benévolo y protector: el universo, la
vida misma, el tremendo misterio de la presencia, o simplemente nuestros
abuelos o nuestros amigos muertos…
