«La gente no cambia», dicen los desengañados, para demostrar lo mucho que han aprendido del ingrato mundo, y lo poco que por consiguiente esperan de él. Concederles a los demás la oportunidad de que corrijan es considerado propio de ingenuos, cuando no de almas cándidas. El que sabe de la vida no se abrirá confiado, ni optimista, so pena de acabar siendo un incauto.
Tienen parte de razón. Nada más insoportable que la inocencia en quien ya no debería ser inocente. O no le inspiran muchas luces, o nos toma el pelo. Hobbes y Maquiavelo dijeron unas cuantas verdades sobre la psicología que hay que tener en cuenta. Pero tampoco hace falta exagerar. Quien desconfía provoca desconfianza. Quien se dirige a los demás acorazado, es poco probable que note sus temblores y blanduras. En el fondo, nos blindamos por inseguridad, no porque los demás nos asedien. Quien habita seguro en sí mismo abrirá con menos miedo las ventanas.
A la gente le cuesta cambiar, qué duda cabe. Pero es porque se aferra a lo malo conocido y teme lo bueno por conocer. También, un poco, porque la vida es difícil y procuramos hacerla más llevadera. Todo eso no plantea nada problemático, salvo cuando nos atrapa. El amor y la serenidad sí que nos cambian.

Hay verdades curiosas, como esta que tratas; "la gente no cambia". O como esta otra "la finalidad de la muerte es morir, y no hay más".
ResponderEliminarEl pensamiento de Schopenhauer, por ejemplo, está lleno de este tipo de verdades. Por ejemplo, cuando lees "el arte de tratar a las mujeres", pues lo que dice es cierto. Son verdades empíricas, por así decirlo, como "el hielo está frío". ¿Alguien podría negarlo?
Y sin embargo, hoy sabemos que estas verdades empíricas, tan persistentes, pueden ser reinterpretadas. Por eso las llamo verdades curiosas: nos parecen irrefutables, pero solo nos lo parecen.
Perdona, la frase "la finalidad de la muerte es morir..." evidentemente está mal, quería decir "la finalidad de la vida es morir, y no hay más"
ResponderEliminarVerdades curiosas... Lo más interesante de ellas, en efecto, es que "solo nos parecen" irrefutables: empeño de la verdad en mantenerse esquiva. Al menos las que no son de Perogrullo, como el hielo frío.
EliminarA mí me encanta llevarles la contraria a las obviedades. Se oye demasiado a menudo eso de que la gente no cambia. Una excusa como otra para no darle la oportunidad de cambiar. En este caso, llevar la contraria es cuestión de higiene mental.
Un cordial saludo.