martes, 19 de abril de 2022

Ensoñaciones

La cabeza, charlatana empedernida, no nos para.
Así está hecha, y por eso debemos tenerla entretenida, o aprender a escabullirnos de su parloteo como de un vecino latoso.


«Si no ocupamos el pensamiento en algún tema que lo bride y contenga, se lanza desbocado aquí y allá», escribía Montaigne. Fantasías que suelen tener una predilección irresistible por los recuerdos amargos, las inquietudes y los malos presagios. 

Hay que aprender a desechar los pensamientos, cuando son pura retórica de la ansiedad y no hacen más que echarle leña. Hay elucubraciones tan apelmazadas que atrapan cada rayo de luz, dejando el mundo en sombra. Uno puede extraviarse por esas selvas de la mente como por un limbo que, aun cuando nos sirva de cobijo, empaña la diafanidad de la alegría. «Pienso, luego no existo», previene el doctor Joan Corbella. 

Existir siempre es mejor que pensar, incluso cuando se medita, como Montaigne, a favor del buen vivir. Pero hay ensoñaciones gratas, que nos pasean por dulces paisajes perdidos o presentidos. Se puede disfrutar de esa divagación mansa como una llovizna. En ella, a veces, se gestan gracias nuevas y creativas; también nos hacen falta. Recreémonos contemplando al pensamiento cabalgar libre, pero conservemos a mano las riendas. 

2 comentarios:

  1. Muchas veces nuestras creaciones mentales más tontas y despreocupadas, tomadas de forma especial, devienen en pensmaiento sumamente fértiles, importantes y útiles.

    Es un error esgrimir que el ocio mental no sirve para nada, porque suele ser la matriz de la que surje la gran cultura.

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    1. Yo felicito a mi hijo cuando me dice que se aburre. El aburrimiento es la puerta a la creatividad. Las ensoñaciones pueden ser refugio y juego, y entonces, como apuntas, se gesta la cultura. Pero el pensamiento desbocado tiene su lado oscuro, como saben bien los depresivos, y también hay que saber ponerle coto cuando se desmanda. Supongo que con los pensamientos pasa como con los dioses: a veces nos colman de dones, otras nos amenazan; hay que adorarlos y temerlos. Curiosas paradojas.

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