domingo, 15 de febrero de 2026

Duelos

Entre la refinada burguesía del siglo XIX, cuando un caballero sentía su honor herido,
sucedía a menudo que retaba a un duelo a su ofensor, exigiéndole una «reparación».  

Curiosa manera de expresarlo: ¡qué cortés, qué civilizado se volvió algo tan brutal como una pelea a muerte! Después del desafío venía todo el complejo ceremonial de elección de padrinos, fijación de lugar y armas, enfrentamiento al amanecer en presencia de testigos… Las historias de amor románticas nos sobresaltan a menudo con esos puntos álgidos en que el temerario héroe se la juega frente al marido agraviado. Supongo que la mayoría de las veces no llegaría la sangre al río, pero a más de uno la venganza le saldría cara. El escritor ruso Pushkin murió en un duelo con el amante de su mujer; ser poeta para acabar a pistoletazos. 

Así son los rituales sociales: mecanismos, a veces sumamente sofisticados, para regular la convivencia. El ritual del saludo expresa buena voluntad y refuerza los vínculos pacíficos. El ritual de la conversación fática (la que sirve de mero relleno) construye complicidad, favoreciendo un intercambio obligado sin que nos comprometa en exceso. ¿Qué «reparaba» el duelo? La autoestima y, sobre todo, el prestigio público del agraviado. También el orden social: el que ofende tiene que atenerse a las consecuencias.

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