sábado, 11 de julio de 2026

La llama efímera

Conocer es esa tarea inagotable de ampliar el círculo de luz
mientras alrededor crecen las sombras.

Conocer es plantar cara a la ambigüedad y la incertidumbre, con los únicos apoyos de la observación y la inteligencia. Conocer es imprimir orden con la razón al caos de la complejidad, estado natural del universo. Es, pues, un esfuerzo heroico y trágico, como el de Prometeo robando a los dioses el fuego de la civilización. 

Todas esas gestas que en los mitos retratan la grandeza de la empresa humana desafiando sus límites, no dejan de recordarnos, a la vez, la ineluctable victoria de estos. Los triunfos alzan siempre su esplendor sobre un sombrío horizonte de fracaso y pérdida, en el que sucumbirán inevitablemente al tiempo y a la muerte, y en definitiva a la fragilidad de la naturaleza humana. Eso, que a tantos les ha hecho reflexionar sobre la vanidad de ambiciones y deseos, a otros, como Nietzsche o Camus, les lleva a ver nuestros esfuerzos como algo heroicamente bello y magnífico. 

El hombre es el ser que inventa su dignidad y su sentido, su momento de gloria bajo el vendaval de la eternidad. Bien podemos, si no celebrar, al menos tolerar nuestras fronteras con entereza. La vida es una aventura incierta en la que lo único certero es el final: conocer es una llama efímera, pero resplandeciente. 

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