jueves, 2 de julio de 2026

Dones del humor

«El humorismo es siempre social. Uno no se cuenta un chiste a sí mismo»,
dijo el luthier Carlos Mundstock al recoger el premio Princesa de Asturias concedido a su célebre e inimitable grupo musical-humorístico. 

A menudo lo obvio es precisamente lo que conviene recalcar. Lo social es el ámbito de lo que compartimos, el campo en que interaccionamos e intercambiamos; donde, en definitiva, creamos y desarrollamos nuestra humanidad y los frutos que la definen: la comunicación, el arte, el conocimiento… 

El humor es una peculiar modalidad de esa tarea: un arte sabio que, como dice Mundstock, «mejora la vida, permite contemplar las cosas de una manera distinta..., lúdica, pero sobre todo lúcida..., a la cual no llegan otros mecanismos de la razón». Lúcido modo de estar entre los otros, de dirigirse a ellos, de afrontar la vida en común, haciéndola más grata para uno mismo y, de paso, para los demás. La convivencia ya es sobradamente ardua por sí misma, y sin embargo hay quien se empeña en volverla aún más amarga y espinosa. El humor, en cambio, suaviza las aristas, apoya al que desfallece, nos llama al optimismo, refuerza lo constructivo y lo amable. Es, por tanto, un regalo, un don casi gratuito, y ahí es donde se revela su dimensión ética: el humor es amor. Honraros es honrarnos, Luthiers.

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