martes, 7 de agosto de 2018

¿De quién es el problema?

Me cuentan una historia que, como todos los relatos tradicionales hebreos, no tiene desperdicio.
Abraham lleva días sin dormir. Un amigo le pregunta qué le pasa. «Le debo dinero a Jacob y no puedo devolvérselo». El amigo le aconseja que le llame y se lo diga. «¿De qué me servirá?», pregunta Abraham, y su amigo le replica: «Para que sea él quien tiene el problema».

La mayoría de las historias rabínicas suelen presentar esa mezcla de pragmatismo algo cínico con sagaz penetración en la psicología humana. A bote pronto, pasarle el problema a quien tuvo el detalle de brindarnos apoyo no parece muy ético. Sin embargo, bien mirada, la fábula no nos dice eso. Nos hace preguntarnos sobre la responsabilidad de cada cual, y cómo muchas veces sufrimos al confundirnos en ello.

Jacob tomó la decisión de arriesgar su dinero para hacer negocio: lo hizo por interés, no como alma caritativa. Abraham se comprometió a pagar y ahora no puede hacerlo. Ambos calcularon mal. Pero si la ganancia era para Jacob, a él le toca el riesgo. Lo que le corresponde a Abraham es cumplir lo pactado cuanto antes: dicen que el que hace lo que puede no está obligado a más. Si nos sorprendemos haciéndonos cargo de los problemas de los otros, tal vez sea hora de llamar a Jacob.

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