sábado, 13 de abril de 2019

Convertirnos en lo que somos

Todos estamos abocados a contar una historia con nuestra vida,
a componer un relato que en buena parte ni siquiera elegimos, cuyo argumento se nos metió en el alma en los remotos tiempos del origen, anteriores a la voluntad e incluso a la conciencia.

Y cada acto, cada pensamiento, cada gesto, despliegan esa historia que el azar y la necesidad establecieron como nuestra, que se nos cuela por la voluntad misma y que por eso pocos logran acabar de entender (ya no digamos domeñar). En un afán de libertad, soñamos con hacernos dueños del relato, con someterlo a nuestro designio y reescribirlo a nuestro gusto, demiurgos al menos de nuestro destino. Nos rebelamos contra nuestras tendencias, conspiramos contra nuestras inclinaciones, para descubrirnos habiendo dado un rodeo que nos condujo al mismo sitio. Somos lo que ya fuimos y no podemos sino acabar siendo (en esto Platón tenía razón), y en cierto modo estamos ceñidos a ese destino al que tienden cada uno de nuestros pasos.

Tal vez no debamos resistirnos, tal vez el secreto consista en entregarnos y dejar que la vida se cuente a través de nosotros. Tal vez convertirnos en lo que somos constituya nuestra más dulce derrota, y el más acabado fruto de nuestra libertad.

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