martes, 22 de octubre de 2019

Orden

Conozco a una persona más bien descuidada que, cuando está muy nerviosa, se dedica a ordenar la casa.
Yo también noto un curioso alivio al colocar frenéticamente las cosas en su sitio: el orden parece tener un efecto ansiolítico.


Bert Hellinger, teórico controvertido pero de moda, ha hecho del orden la enseña de ese pastiche entre místico y catártico que algunos llaman terapia sistémica. Todo en él es arbitrario pero a la vez sugestivo, y creo que no se le puede negar un cierto mérito al enfatizar la necesidad que tenemos de recolocar a la gente en nuestra cabeza (cosa que, por otra parte, ya pretendía Freud). Muchas veces sufrimos porque no sabemos diferenciarnos bien de nuestra madre o nuestro padre, o porque les otorgamos lugares confusos en la imaginación. En las sesiones de Hellinger, los participantes escenifican el mapa mental de sus afectos, con la intención de redibujarlo de un modo más cabal.

Así que el amor, probablemente, también tiene su orden, como las cacerolas de la cocina y la ropa en el armario. Otra moda adiestra sobre la organización de la casa, lo cual incluye deshacerse de lo inútil. Hacer limpieza fuera nos ayuda a limpiarnos por dentro. Ordenar las cosas restaura la sensación de capacidad y control.

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