viernes, 30 de julio de 2021

Aprobarse

Lo que hacen los demás siempre parece superior
; pasa igual que con la comida, que sabe mejor si la han cocinado otros… Esa curiosa distorsión de las percepciones está en la base de la inquietud que nos causan los éxitos de la gente, y de que nos hagan sufrir en lugar de servirnos de modelo para progresar nosotros.


Uno puede admirar cuando está a bien consigo mismo, cuando no le parece que la felicidad de los demás le vacíe de la propia. Así, la falta de autoestima no solo nos hace titubeantes, sino que nos dificulta el perfeccionamiento que aumentaría nuestra autoestima. El autoconcepto bajo nos hace susceptibles, resentidos, envidiosos y cobardes. Nos inmoviliza, nos incapacita. ¿Cómo amar, que es alegrarse de la existencia ajena, según nos recuerda Spinoza, si uno no se alegra de la propia existencia? No sé si Spinoza contó con esa consecuencia de dividirnos dentro de nosotros mismos: escindirnos en juez y parte puede hacer que nos tratemos con la exigencia y la crueldad de los tiranos. 

Urge rebelarse contra esos déspotas interiores. Hay que cuestionar su imperio, denunciar su sordidez, repudiar su injusticia, emanciparse de su capricho. Seguimos necesitando que alguien nos apruebe, como de niños: aprobémonos entonces, y podremos mejorar.  

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