domingo, 26 de abril de 2026

Vulnerables

Lo malo de estar bien es que uno puede llegar a creer que es definitivo
(es fácil convencernos de lo que deseamos).    

Que ya ha llegado a su destino, y no quedan más que paseos y siestas bajo una higuera; que ya sabe todo lo que necesita saber, y los aprendizajes pendientes serán corolarios de la sabiduría conquistada. 

Lo malo de estar bien es que uno puede llegar a creerse tan fuerte que hasta el dolor le parecerá un apoyo. Esa ilusión podría hacerle, paradójicamente, más propenso a la vulnerabilidad, puesto que no la espera, y no la presupone, y no la teme. 

Pero siempre nos quedan debilidades por descubrir, noches de desamparo en las que tiritar, y tragos amargos por apurar. Y hay que contar con ellos, no porque eso los mitigue, sino porque al menos no nos engañarán cuando sucedan, no les abriremos la puerta con iluso júbilo tomándolos por viejos amigos que vienen de visita. Saber que somos vulnerables no nos evitará que la vida arrecie y nos doblegue, pero tal vez nos haga más humildes y prudentes, más conscientes y agradecidos con lo bueno, más indulgentes con nuestros errores, más tolerantes con los de los otros. Tal vez así nos cueste menos comprender y perdonar, empezando por nuestra propia fragilidad, y permanezcamos lo bastante flexibles para que no nos quiebre el viento. 

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