martes, 12 de septiembre de 2017

Los que no nos quieren

Hay gente que no nos quiere, como canta Silvio, y es una suerte saber quiénes son.
No necesariamente para luchar con ellos, pues hay luchas que no valen la pena, por irrelevantes o porque no se pueden ganar. Los que no nos quieren nos enseñan al menos dos cosas: nuestra sombra y nuestros límites. Gracias.

Los que no nos quieren no siempre son nuestros enemigos, no tienen por qué serlo más que cualquier otro. Los que no nos quieren pertenecen a la parte del mundo que no nos corresponde, allá donde nunca seríamos más que unos extraños. Por eso hay que alejarse de ellos, por eso no tiene sentido dedicarles muchos desvelos. Con los enemigos hay que luchar, o perdonar; con los que no nos quieren, lo mejor es saludar y tirar por otra calle. Porque si ni nos quieren ni nos odian, jamás podremos esperar de ellos dignidad o respeto.

Hay que alejarse de los que no nos quieren, y hay que dejarlos marchar. Para ellos no valemos más que un ápice de sus obcecaciones. Somos meros objetos, de los que pueden servirse o defenderse, pero a los que difícilmente llegarían a amar. Precisamente por eso nos tienta esforzarnos por conquistarles. Pero lo que hagamos raramente gana el amor si se estrella en el despecho. Dejémosles, cuanto antes, seguir su camino.

3 comentarios:

  1. Sabia reflexión. Yo había caído en el error de intentar acercarme a ellos. Me encanta la versión: " Pertenecen a la parte del mundo que no nos corresponde".
    Vislumbro un futuro más feliz para mí aunque a veces coincida en el tiempo y lugar con alguien que no me quiere. Muchas gracias por compartir tan brillante enfoque.

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  2. Sabia reflexión. Yo había caído en el error de intentar acercarme a ellos. Me encanta la versión: " Pertenecen a la parte del mundo que no nos corresponde".
    Vislumbro un futuro más feliz para mí aunque a veces coincida en el tiempo y lugar con alguien que no me quiere. Muchas gracias por compartir tan brillante enfoque.

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  3. En El principito, Saint-Exupéry nos enseña que solo existe lo que se ama. Para los que no nos quieren, no existimos: somos solo un decorado, a veces borroso. Yo a veces me he empeñado en conquistar amores imposibles, y creo que en el fondo mi desesperación tenía que ver con el temor a esa inexistencia. Menos mal que aprendí: ellos tampoco existían.

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