sábado, 29 de marzo de 2025

Elogio de Spinoza

Debemos a Spinoza una ética que invoca la alegría de vivir. Quiso desplegarla bajo un rigor matemático que la hiciera irrebatible, pero le salió más bien vitalista: bajo su apariencia de razonamiento frío se desborda un pálpito apasionado; su portentosa armazón geométrica crece con una espuma de entusiasmo. 


Spinoza permanece sin remedio del lado de la vida, del lado del hombre, hasta el punto de considerarlos parte de Dios. Su fuerza vital o potencia universal, que llamó conatus, es lo que mueve a todo ser a protegerse y medrar, y se adelantó a los conceptos de voluntad de vivir de Schopenhauer y voluntad de poder de Nietzsche. 

Pocas filosofías como la de Spinoza ―apenas sé encontrar más que a Epicuro y Nietzsche― apuestan tan expresamente por la emancipación y la prioridad del gozo. Se medita para enunciar argumentos de la felicidad. La investigación no se conforma con especular: lo hace en nombre de la alegría; ansiamos conocer para comprenderla y defenderla. De cuanto conspira por arrebatárnosla, y sobre todo de nosotros mismos: de nuestra ignorancia (que nos somete a las ideas erróneas), nuestra cobardía (pues hace falta coraje para liberarnos de las pesadas cadenas de la tristeza), nuestra desesperación (siempre queda una opción para los espíritus osados). Spinoza traza la geometría del amanecer.

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