sábado, 22 de marzo de 2025

Sombra

A estas alturas sigo desconcertándome a mí mismo con reacciones que no sé de dónde salen ni a qué responden.
Hay en nosotros voluntades clandestinas que apenas controlamos.   


Es como si fuesen territorios inexplorados en el continente de la personalidad, secciones que urden su propia vida al margen de esa ilusión que tiene el Yo de manejarlo todo (o quizá sean otros Yo sutiles y recónditos). Cuando predomina lo cotidiano, lo convencional, yacen durmientes y apenas sabemos de ellos. Pero de vez en cuando algo los despierta, y entonces lo inundan todo y toman el mando, arrasan como una tempestad y luego se repliegan de nuevo como mareas misteriosas. 

Demuestran, en cualquier caso, que no estamos hechos de una pieza, que nuestra psique es en realidad una amalgama de fuerzas a veces armónicas y a menudo en conflicto. Jung las llamó la sombra, la parte de nosotros que rechazamos, desterrándola, como a Segismundo, en las mazmorras del alma. Por eso nos parecen amenazantes: porque las envolvemos en penumbras. Freud y Jung tenían razón al urgir el rescate de esas facciones proscritas, pero no acabaron de dar con el camino de vuelta. Sombras o no, ahí están, prueba de que seguimos vivos y por tanto inacabados. Ahí están, y nunca desistirán de regresar. 

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