Está el miedo y están los miedos.
Creo que Sartre ya avisó de que, aunque siempre podamos elegir, existen dos cosas irrevocables: el pasado y la muerte. Comte-Sponville lo enfatiza: lo irrevocable existe, y hay que contar con ello. Lo cual no quita que, en el resto de las cosas, lo irrevocable sea la libertad.
Hace años, un amigo muy avispado se dedicó a experimentar sobre el comportamiento de los demás a partir de las señales que les damos. Quería poner a prueba aquello de que si uno se dirige a los demás situándose en un plano de inferioridad, la gente lo trata como si fuese inferior, y al revés.
Una ética que se pretende honesta derrapa al reducirse a la abstracción de las ideas o a las meras intenciones.
Todos somos valientes hasta que dejamos de serlo: el coraje, como cualquier virtud, topa con el contorno de nuestra humanidad.